miércoles, 31 de marzo de 2010

LA CAPITAL DE BULGARIA (CAPITULO 4)

Mi vida es un desastre. Aún no sé como llegué hasta aquí. Creo que la vida no me quiso dar una puta oportunidad para recuperarme. Del café a esto hay un puto paso ¿Por qué le dije que si a Luca? Aún no lo sé. Creo que debí seguir trabajando de cajera en ese supermercado. Ganaba bien, aunque no tan bien como en el café y mucho menos que en esto del cine porno. Doscientas treinta lucas no estaban mal para alguien sin estudios y sin grandes expectativas en la vida mas que esperar en casa a un “cro-magnon” sudoroso todas las noches a que llegue de su mierda de trabajo. Pero puede ser mejor que dos millones y soportar una multitud esplendorosa de espermios sobre tu rostro.


La rutina es una puta mierda ¡qué ponte aquí! ¡Qué haz esto! y mil mierdas sin sentido para mi. Esto sólo tiene sentido para los putos mierdas que se masturban con mis videos en Internet, pero no para mí. A mí me gustan los perros y los gatos. No los “gangbang” y los “ménage à trois”. Eso es vil basura de un mundo al que le doy un grano de eso que tanto gustan y disfrutan ¡Malditos manfinfleros! Tienen mi vagina echa pedazos con su entretención barata que ni siquiera pagan en pornotube ¡Maldito Luca! ¡Maldito hijo de puta! Que me calentó tanto con su mierda de dinero. Me odio a mi misma por esa puta decisión, pero ya está. Sin duda soy una conformista.


Lo único que agradezco de este maldito trabajo es haber conocido al Dante. Tengo la impresión de que cambiara mi vida. Me siento demasiado bien con él.


Desde el primer día en que lo vi, cuando parecía un pobre gatito mojado en ese asiento mugroso de la recepción de la “oficina” de Luca, que lo he encontrado distinto ¿Será que se parece a mi padre? Puede ser que sea eso. Aunque suene a un maldito “Complejo de Electra”, el que me recuerde a él es un buen síntoma de que todo puede ser mejor. Me hace pensar que aún hay buenas personas en esta tierra pútrida que nos toca habitar.


Mi padre es lo único que rescato de mi triste vida. Me acuerdo que solíamos ir al parque que quedaba cerca de la humilde casa que teníamos y jugar con una pelota sobre el verde y tupido césped. Yo era una especie de mal arquero para sus remates. Creo que siempre quiso que tuviera un pene, que fuera machito, pero nunca se quejó de aquello. Siempre solía llegar tarde del trabajo, cansado, agobiado por las deudas y aburrido sobre todo de mi madre y aún así tener tiempo y una sonrisa para mí. Y si había suerte y un poco de dinero, me traía un chocolate. Con eso era feliz. Gracias a él, creo, que a pesar de todas las humillaciones que los hombres me han y me hacen pasar cada día, aún no los puedo odiar como quisiera.


Mi pobre padre. Yo era sus ojos, siempre lo supe. Su sol aparecía y se ponía conmigo. Recuerdo que, la tarde anterior a la triste decisión que tomó, me contó la historia de su vida que era parte de la mía. Nunca conoció a sus padres. Una familia amiga lo adoptó a eso de los dos años de edad. Me decía que no supo nunca nada de sus padres y que tampoco quiso saberlo, que siempre estuvo agradecido de esa familia que le entregó todas las herramientas para ser una persona hecha y derecha. Su madre adoptiva, según me dijo, era una tierna mujer que dedicó la vida a criarlo a él y a sus otros dos hermanastros menores. Su padre, en tanto, era historiador. Me contaba que gracias a él conocía muchas cosas de las que solía hablarme cada vez que dábamos paseos por el centro de Santiago o por el Cerro San Cristóbal. De museos europeos, de pinturas famosas, de escritores raros, de grandes historiadores, de ciudades africanas y asiáticas con nombres complejos de ser pronunciados y de diversas capitales del mundo. Me contó a que se debía mi nombre. Recuerdo que cada día al llegar a casa se producía el mismo diálogo producto de esto.

- ¿Cuál es la capital de Bulgaria?-me decía mi padre con una sonrisa en sus delgados labios.

- ¡Sofía!-chillaba yo, mientras corría a su encuentro, abrazándolo a la altura de las piernas.

- ¿Cuál es la ciudad más bella de Europa?-volvía a preguntar mi padre.

- ¡Sofía! contestaba, feliz de verle de vuelta, casi con lágrimas en los ojos.

- ¿Y cuál es la mujer más bella de esta casa?

- ¡Sofía!

Amaba dentro de sí a esa ciudad. Siempre me hablaba de ella. Pareciera que la conociera más que su natal Valparaíso o que Santiago, era como que había estado allí, qué tuvo antepasados búlgaros, que en otra vida vivió en aquella ciudad, una de las más antiguas de Europa, la tercera, según siempre decía. Quizá por eso le odiaba mi madre. Siempre decía que era un puto soñador sin sentido, que quería vivir de pan y sueños. O tal vez no. Tal vez lo odiaba porque todo este diario ritual de padre e hija terminaba con un montón de besos y abrazos de los cuales ella no participaba. Ni mi papá ni yo parecíamos estar interesados en ella aunque creo que, por todas las mierdas que hizo con nosotros, se merecía tal indiferencia.


Mi vieja. ¡Pobre diabla!


Sin duda ella y sus putas exigencias mataron a mi padre. Nunca le perdoné eso. Ni el día en que murió ella lo hice. Nada podía devolverme a mi héroe. Al hombre que dio todo por mí, que realmente me había amado.


La tarde siguiente a esa intensa charla con mi papá, mi madre lo encontró colgado de una de las vigas que tenía el techo del patio trasero de la casa. Supo cuándo y cómo hacerlo. Sabía que yo no estaría en casa para llevar a cabo su horrible plan. Estaría de paseo de curso en el colegio en el Cajón del Maipo. Yo tenía sólo diez años en ese entonces y era el fin de un taller en el que estaba. Supongo que no quería que lo viera mal, triste, acongojado, débil, pero sobre todo indefenso. Siempre me mostró el lado bueno de la vida y siempre lo recordaré y agradeceré por eso.


Por eso será que me fijé en Dante ese día. Dante es eso. Lo que era mi padre. El lado amable de este mundo. Me gustaría mucho sacarlo de este puto negocio. Negocio para Luca, pero no para nosotros. Menos para él. Es un buen tipo y no debiese estar metido en semejante basura. A lo mejor esto de verdad es para mí, pero estoy segurísima que no para él. Pero sé, por mi propia experiencia, que no es fácil huir de este trabajo. La plata te calienta, sin duda. Pero Dante no es como yo. Yo me aferré a una mala tabla dentro de un océano de mierdas. Él estudia, tiene su propia vida y puede ser otra persona, no el puto mono de circo pobre que nos hace sentir Luca. No quiero que sea un títere que se mueve al ritmo de los demás, tal como lo hizo mi papá con la música que le impuso mi madre. No llevó a nada bueno a mi padre, así que dudo que sea distinto en el caso de Dante.


Ahora veo cómo duerme. Ronca suavemente y babea del lado izquierdo. Eso me da risa. Creo que una vez que despierte no sabrá dónde dejó el culo anoche. Estaba muerto de borracho, así que creo que le inventaré alguna historia para ver que me dice.


Pobrecito. No merece terminar como la puta capital de Bulgaria.



By IgOrCeTe...