Los cigarros saben muy bien algunas noches, más aún si no tienes nada mejor que acercar a tu boca en una calurosa noche en que todo el mundo se divierte y tú estás encerrado en una habitación bebiendo para olvidar cosas que ni siquiera recuerdas. Suena depresivo pero es muy interesante estar jodido y no saber por qué.
Lo mejor de todo es encontrarte contigo mismo sin verle la cara a nadie más, aislarte de todo y de todos por un momento. Ya habrá tiempo de pensar, ahora sólo cuenta disfrutar unas cuantas bocanadas de humo y unas cervezas para satisfacer el odio que puedes llegar a sentir contigo mismo.
Así pensaba por la tarde, pero decidí liberar todo lo que me ahogaba. Me di una dicha rápida y salí a buscar un buen bar en donde la presencia de la gente no me incomodara, algo difícil pero que tenía la certeza de lograr. Además, más de alguna mujer desprevenida debería encontrar por ahí para sanar el odio que sentía. Deseaba traspasar eso de alguna manera y tener sexo no era una mala idea para hacerlo. Así que me eché unos condones al bolsillo y salí en búsqueda de al menos la esperanza de una victoria. Sólo eso necesita un hombre para ser feliz. Una puta victoria.
Desperté en el sofá... quiero creer que fue una gran noche...
lunes, 6 de febrero de 2012
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)