Y aquí estoy, mi pequeño terrícola, cuando ya no le queda mucha vida a esta noche, dándole y dándole al teclado con la mínima finalidad de dejar unas palabras que pudieran decir algo, que en el día que tú las puedas leer pudieran servir para guiar tus pasos, pero no puedo. No puedo ya que eres tú el que guía los míos. Y es que desde que fuiste semilla a mi vida le diste un nuevo color. Un motivo por el cual despertar cada mañana, repetir los errores de la sociedad convencional en que vivimos y entender que uno no vino a la vida para estar solo. Que todo es más simple y más bello si es de tu mano. A comprender que una sonrisa hace de cada día algo nuevo y especial.
Se me hace imposible no recordar la noche en que naciste y me miraste de la misma manera en que lo haces ahora, con esos ojitos llenos de infinito amor. Es complejo para mi sentir esto. Pero es un sentimiento que no supera a ninguno. Al parecer tus abuelos si tenían razón cuando decían que "algún día los iba a entender cuando tuviera un hijo", al sentir ese inmenso amor que sólo tu consigues desplegar en su máxima capacidad.
En alguna parte de las cartas que les escriben los padres a sus hijos siempre aparece un espacio para las promesas, para ofrecer sentimientos y momentos como si fuera esto un discurso presidencial. Yo no te prometo nada, y espero que lo tengas claro. La vida no se construye con promesas, sino con hechos y espero que al final de los días que tenga como guardián de tus primeros pasos, aprecies que nunca intenté ser bueno o malo en esto, sino alguien que simplemente trató de hacer lo humanamente posible para hacer de ti una persona.
Tan sólo eso.
Una persona, en este tiempo digital que nos consume y nos desfigura a diario, con sus defectos y virtudes, pero que al final del día no sienta culpa por las acciones que haga, que sea un ser libre y que nadie pase por sobre sus ideales y pensamientos, los mismos que harán de ti esa persona que tanto espero que seas. Que no seas como yo, sino que labres tu propio camino, el camino que te dé, cuando se esconda el sol, la mayor de las felicidades para ti y los tuyos.
Tus abuelos y la vida me enseñaron algunas cosas que espero que tú querrás saber algún día y espero ser yo quién te las enseñe. Y es que aunque suene egoísta y sepa que no será así, quisiera estar en todos esos momentos que formen tu vida. Me das curiosidad, intriga. Quisiera saber todo de ti. Qué pensarás de las pequeñas y grandes cosas que hacen de los días una vida que valga la pena vivir...
Qué música te gustará, saber si marcharás por las calles en contra de lo que se requiera estar de esa manera en esos años, si algún deporte practicarás, si saldrás artista como tu madre... No sé, un millón de cosas que se me hacen necesarias descubrir junto a ti. Y es que nunca los seres humanos me han causado tanta curiosidad como lo haces tú en cada paso y cada tontera nueva que haces cada día.
Ahora sólo queda uno de nosotros en este espacio, pequeño terrícola. Tú duermes, con esa tranquilidad que la vida y los años te quitan de cuajo sin darte cuenta, pero que con sólo escuchar el susurro de tu respiración, me quitas y me das, no importa cuantas veces. Lo importante es que al final de cada día me reencuentro con esa mirada, la misma que vi por primera vez hace casi un poco mas de un año atrás.
Tan sólo me queda desearte y reconocerte que, aunque tengo algunos problemas con los finales felices, espero que tu historia tenga el más bello final que ningún guionista pueda siquiera imaginar.
Ahora que ya es tarde, seguiré tus pasos, trataré de cerrar los ojos y dormiré pensando en que ojalá se cumplan mis deseos de esta noche, los deseos de otro terrícola, un poco más grande y más viejo que tú y que te ama demasiado...
Se me hace imposible no recordar la noche en que naciste y me miraste de la misma manera en que lo haces ahora, con esos ojitos llenos de infinito amor. Es complejo para mi sentir esto. Pero es un sentimiento que no supera a ninguno. Al parecer tus abuelos si tenían razón cuando decían que "algún día los iba a entender cuando tuviera un hijo", al sentir ese inmenso amor que sólo tu consigues desplegar en su máxima capacidad.
En alguna parte de las cartas que les escriben los padres a sus hijos siempre aparece un espacio para las promesas, para ofrecer sentimientos y momentos como si fuera esto un discurso presidencial. Yo no te prometo nada, y espero que lo tengas claro. La vida no se construye con promesas, sino con hechos y espero que al final de los días que tenga como guardián de tus primeros pasos, aprecies que nunca intenté ser bueno o malo en esto, sino alguien que simplemente trató de hacer lo humanamente posible para hacer de ti una persona.
Tan sólo eso.
Una persona, en este tiempo digital que nos consume y nos desfigura a diario, con sus defectos y virtudes, pero que al final del día no sienta culpa por las acciones que haga, que sea un ser libre y que nadie pase por sobre sus ideales y pensamientos, los mismos que harán de ti esa persona que tanto espero que seas. Que no seas como yo, sino que labres tu propio camino, el camino que te dé, cuando se esconda el sol, la mayor de las felicidades para ti y los tuyos.
Tus abuelos y la vida me enseñaron algunas cosas que espero que tú querrás saber algún día y espero ser yo quién te las enseñe. Y es que aunque suene egoísta y sepa que no será así, quisiera estar en todos esos momentos que formen tu vida. Me das curiosidad, intriga. Quisiera saber todo de ti. Qué pensarás de las pequeñas y grandes cosas que hacen de los días una vida que valga la pena vivir...
Qué música te gustará, saber si marcharás por las calles en contra de lo que se requiera estar de esa manera en esos años, si algún deporte practicarás, si saldrás artista como tu madre... No sé, un millón de cosas que se me hacen necesarias descubrir junto a ti. Y es que nunca los seres humanos me han causado tanta curiosidad como lo haces tú en cada paso y cada tontera nueva que haces cada día.
Ahora sólo queda uno de nosotros en este espacio, pequeño terrícola. Tú duermes, con esa tranquilidad que la vida y los años te quitan de cuajo sin darte cuenta, pero que con sólo escuchar el susurro de tu respiración, me quitas y me das, no importa cuantas veces. Lo importante es que al final de cada día me reencuentro con esa mirada, la misma que vi por primera vez hace casi un poco mas de un año atrás.
Tan sólo me queda desearte y reconocerte que, aunque tengo algunos problemas con los finales felices, espero que tu historia tenga el más bello final que ningún guionista pueda siquiera imaginar.
Ahora que ya es tarde, seguiré tus pasos, trataré de cerrar los ojos y dormiré pensando en que ojalá se cumplan mis deseos de esta noche, los deseos de otro terrícola, un poco más grande y más viejo que tú y que te ama demasiado...
Tu Papá.