Siempre hay cosas que son más importantes que el fútbol. Y siempre será así.
"El fútbol es la cosa más importante de las cosas que no importan". Y pensar que alguien que lo amaba lo llamaba así.
Pero el ser humano que alguna vez se ha entretenido con una de esas maravillas de 32 cascos sabe lo hermoso que es este puto "juego-deporte".
También sabe que a veces provoca irracionalidad, violencia, descontrol, nos hace golpear al rival e incluso insultarlo de la manera mas vil al que, en esos momentos de pasión desbordada, llegamos a considerar nuestro enemigo más enconado. Sin distinguir entre un amateur y un profesional.
"Un hermoso juego, que por un puñado de mafiosos, se ha convertido en uno de los negocios más rentables del presente siglo". Escribe un diario independiente en alguna parte del mundo.
A mi al menos, bien personalmente, el fútbol me ha regalado momentos valiosos. Herencia de mi familia (y aunque mi abuela me "odie"), esto me ha dado la dicha de tener encuentros maravillosos con mi familia y mis amigos, conversaciones más que interesantes, conocer nuevos mundos e hinchas en cada viaje, días perdidos, nuevas pasiones, nuevas enseñanzas con mi hijo. Y así suma y sigue cada día que logro levantarme cada mañana.
Sin duda, es algo que al pasar de los años he marcado con fuego en mi ser y que me ha enseñado muchas cosa también. Conocí amigos, disfruté con los que ya lo eran y he vivido alegrías y tristezas de la manera mas conchesumadre que se pueda tener memoria.
Hoy.
Hoy, hay familias, un club, un pueblo, una nación, un "pseudo pueblo futbolero", una "pseudo comunidad del fútbol mundial" que está triste por la partida de esos humanos, los cuales tenían como norte la ilusión y la posibilidad de darle una alegría, la más mínima imaginada, a un pueblo humilde y reprimido.
"El opio del pueblo", lo llaman también los mojigatos.
"Herramienta de políticos de baja monta", lo señala un diario digital en Internet.
"Prensa inescrupulosa, que hará lo posible por recordarnos este triste momento de la manera más inhumana posible, con "entrevista central al perro del arquero sobreviviente", y que nos escupirán datos de mierdas que no aportan en nada". Así no lo señala nadie.
El día de mañana volveremos a ir a trabajar, a disfrutar de otro día de mierda, otro día en que nos sirven la comida en platos de plástico y con cubiertos de plata, a disfrutar un cariño, a esquivar un regaño, a jugar otro partido de fútbol, a vivir otro momento que lo deseemos con el alma. Nos volveremos a alegrar. Nos volveremos a enojar, a insultar, a golpear y tratar de sacar la más mínima ventaja, por muy rata y miserable que sea ésta, pero que ello no permita olvidar que lo "mas importante de lo menos importante" hoy nos dio una lección de unión y fraternidad, que por muy estúpida que resulte, emprendamos la vida con una sonrisa, que al final del día, es lo único que podemos dejar de legado, si es que desean ser recordados.
De las cosas simples se trata esto. Un paño de trapo y dos arcos con piedras.
Y un abrazo, "para que a los más importantes", como el de la foto, nunca les pueda faltar.
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