domingo, 28 de mayo de 2017

MEA CULPA

Te he fallado.
Y te fallo a diario.
Y no me puedo cansar de hacerlo.
Espero vida para conseguir remediarlo.
Esa misma que te debo más a ti,
Que tú a mí.
Mi deuda externa y eterna.
Eres más importante tú para mí,
Que yo para ti.
Aunque me contradigan a diario.
Son las reglas del juego.
No las elegí yo.
Pero tu ternura y esos infinitos
Iluminan mi oscuridad, sin que lo sepas.
Nunca te di lo que tuve,
Y creo que tampoco te lo daré.
Soy ínfimo. No existo.
Pero no veo envidia en tus ojos.
Esa que a veces si tengo de ti.
Desearía tener tu edad y todo ese amor.
Inocencia y pureza.
Eres especial y no lo sabes,
Así como muchas cosas terribles.
Cosas que hacen daño.
Y que me gustaría que fueras indemne.
Las cosas bellas.
El bueno, el malo y el feo.
El padrino.
Colo-Colo.
La música.
Los amores de quién escribe.
Pero tus sueños ya descansan.
No siguen mis temores y deseos.
Espero que tengas los tuyos,
Y sepas sobrevivir a ellos.
Te amo y te adoro.
Y espero reciprocidad a los quince,
Aunque sea una utopía.
Hoy y siempre,
Mis días y noches serán por ti.
Así como este mea culpa.
Y todos mis esfuerzos.
Incluso,
Los que nadie note.
Hasta el último día de mis días.

jueves, 18 de mayo de 2017

EL EQUILIBRIO ES IMPOSIBLE


Mis sueños pendían de un hilo. De una cuerda metálica para ser exactos.

La vida no me había tratado muy bien últimamente, pero seguía siendo el número más importante del show. No sé si me explico.

Pero por cada amanecer, día tras día hay una historia distinta.

La concentración, mi mayor virtud, fallaba. Y nada podía fallar a más de 35 metros de altura.

Los nervios, esos de todas las primeras veces en la vida, volvían a aparecer y no sabía bien cómo tratarlos. Ya no tenía ni diez ni quince ni dieciocho. Pero eran peores que a esa edad.

Cerraba mis ojos y trataba de alejar mis pensamientos. Los buenos, los malos, los cálidos, los amargos, los puros, los inconscientes, los soberbios. 

Lo mundano. Lo mortal.

Jugaba con ellos y los burlaba a diario. Una distorsionada idea de la inmortalidad basaba mi vida y mis delirios. Había saludado a la muerte más veces que nadie. Incluso más de alguna vez me había prestado ayuda. Era mi cómplice. 

Pero aún así, mis manos sudaban. La pértiga se escabullía de mis manos que pedían a gritos auxilio, sin realmente entenderlo. Mi ego entretenía mi ganas. Aquel que se alimentaba con mi elocuente grandeza. Alucinaba con la idea de escuchar a la gente gritar mi nombre desde lo alto.

Karl... Karl...

Pero mi alma estaba cansada. Años de sacrificios y duro entrenamiento que nadie veía. "Sólo consigues entender el camino cuando lo has vivido", me repetía a diario, sin siquiera saber qué significaba aquello.

Hoy mi cómplice se volvía mi enemigo. No tenía la facha de Joe Black, pero me seducía de todas formas. Engañaba mi mente, adormecía mi cuerpo mientras acariciaba mis manos. Era tanto el placer que sentía que mis magullados dedos soltaban la pértiga, deseosos.

El funambulista llegaba a su fin. Saboreé como nunca mis victorias mientras caía en mi única derrota. "El equilibrio es imposible", señalaba una boricua entre la multitud.

Palabras tan ciertas no sean dicho jamás.