sábado, 10 de marzo de 2018

  • Qué comes?
  • Mierda.
  • Por qué?
  • Porque así lo siento. Mi boca y la comida sabe a mierda.
  • Estás bien?
  • Qué crees?
No había culpa en sus preguntas. Pero todo sabía a tempestad. Tenía mal sabor. Odio, malestar, un sinsabor, nada ni miserablemente sabroso. Amargo como la hiel. Como la historia de pueblos castrados por sus descubridores. Como la historia de pueblos sometidos por los hijos y nietos de sus descubridores.
Tú sólo vives en mi círculo de rabia y no te mereces esto. Pero con quién me desquito? Con un bicho raro que deambula en la cocina? Con el chofer del autobús? Con el ser más insignificante de mi torpe ironía? 
Ni él, ella. Nadie.
No. No era así.
Me das vida con tu amor. Me das momentos de vida. Me das lo que no sabes que tienes. 
Lo mereces?
Mereces lo mío?
No.
Por supuesto que no.
Dame tu comida. Dame de tu plato de amor. No requiero cubiertos de plata, ni más sal ni más pimienta. Necesito tu sabor.
Ignórame.
Olvídame por un minuto.
Cambia tu cara y devuélveme tu amor.
No necesito tu orgullo simplón, ni el mío que es de por vida.
Ignórame.
Muchas veces es mejor no escucharme y menos darle sentido a mis balbuceos.
  • Creo que estás horrible hoy-me dices.
No comes nada, pero adivinas.
Tu plato está intacto.
Eres bruja o lo aparentas.
Pero disfruto y te disfrazo de tantas intimidades, y nada es tan cierto como tú y yo en nuestra alegría.
Me avergüenzo de mi cobardía.
Te cansaste. Del día, tus problemas y mi desidia.
Se hace tarde.
Vas a dormir y te acuestas de perfil.
Me tumbé a tu lado. Detrás.
(Perdón)
No alcanzas a oír.
Lo repito.
A veces el orgullo no me deja sacar la voz.
(Silencio)
  • Perdón.
Escupo. Miedoso.
  • No te preocupes. Hay días en que te odio también. Hoy fue al revés.
  • Te amo.
  • Yo también te amo. Y mucho.
  • A veces mi estupidez es más grande, pero nunca tanto como nuestro amor.
  • Lo sé. Y así creo que nos queremos.
Volteaste, tomaste mi rostro con ambas manos y me besaste con tanto sabor. Ese que despierta todos mis sentidos y oscuras pasiones.
Te abrazo.
Siento tu cuerpo helado y me sumerjo en lo más tibio.
  • Qué comes?-me dices.
Sonrío. Tú sonríes.
No lo soporto. 
Me haces muy feliz y no pronuncio palabra alguna.
Mi lengua y tú.
No piden nada más.
Se pierden.

Tan sólo deseo ese sabor a ti.