viernes, 25 de agosto de 2017

CÓMPLICES (cuento? Poema?)

Defienden la vida del que está por nacer...
Dicen que es un ser vivo...

Pero...

El asalariado que gana el sueldo mínimo y hace magia cada mes para alimentar a su familia.
El inmigrante que llega con su mochila cargada de sueños y que arranca de una realidad que no desea.
La madre soltera que se rompe el lomo por sacar adelante a sus hijos.
Los detenidos por vender mercadería en la calle para parar la olla en casa.
La madre y el padre que se endeudan por la salud y la educación de sus retoños.
Los mismos retoños, que antes de recibir un sueldo, ya están pensado en cómo pagar deudas por algo que es un derecho.
Los niños del SENAME que se pelotean en las noticias de todos los medios, en los tribunales de justicia, en los Ministerios, en el Congreso y en cada uno de los gobiernos que ha tenido y va a tener este país.
Los delincuentes criados en comunas periféricas que TODOS condenamos.
Los que regalamos nuestros impuestos para que los políticos y el gobierno de turno hagan lo que les plazca la gana con ellos.
Los que sufrimos descuentos por un sistema de salud y de pensiones deficiente que no permiten tener beneficios acordes y una vejez digna.

No lo somos?

No somos seres vivos?

Ni imaginar los que no están incluidos en estas palabras y que viven una lucha a diario en silencio.

Siento que a veces peleamos por decidir quién es primero, si el huevo o la gallina... cómo si eso realmente importara.

Somos putos todos!

Cómplices.

domingo, 28 de mayo de 2017

MEA CULPA

Te he fallado.
Y te fallo a diario.
Y no me puedo cansar de hacerlo.
Espero vida para conseguir remediarlo.
Esa misma que te debo más a ti,
Que tú a mí.
Mi deuda externa y eterna.
Eres más importante tú para mí,
Que yo para ti.
Aunque me contradigan a diario.
Son las reglas del juego.
No las elegí yo.
Pero tu ternura y esos infinitos
Iluminan mi oscuridad, sin que lo sepas.
Nunca te di lo que tuve,
Y creo que tampoco te lo daré.
Soy ínfimo. No existo.
Pero no veo envidia en tus ojos.
Esa que a veces si tengo de ti.
Desearía tener tu edad y todo ese amor.
Inocencia y pureza.
Eres especial y no lo sabes,
Así como muchas cosas terribles.
Cosas que hacen daño.
Y que me gustaría que fueras indemne.
Las cosas bellas.
El bueno, el malo y el feo.
El padrino.
Colo-Colo.
La música.
Los amores de quién escribe.
Pero tus sueños ya descansan.
No siguen mis temores y deseos.
Espero que tengas los tuyos,
Y sepas sobrevivir a ellos.
Te amo y te adoro.
Y espero reciprocidad a los quince,
Aunque sea una utopía.
Hoy y siempre,
Mis días y noches serán por ti.
Así como este mea culpa.
Y todos mis esfuerzos.
Incluso,
Los que nadie note.
Hasta el último día de mis días.

jueves, 18 de mayo de 2017

EL EQUILIBRIO ES IMPOSIBLE


Mis sueños pendían de un hilo. De una cuerda metálica para ser exactos.

La vida no me había tratado muy bien últimamente, pero seguía siendo el número más importante del show. No sé si me explico.

Pero por cada amanecer, día tras día hay una historia distinta.

La concentración, mi mayor virtud, fallaba. Y nada podía fallar a más de 35 metros de altura.

Los nervios, esos de todas las primeras veces en la vida, volvían a aparecer y no sabía bien cómo tratarlos. Ya no tenía ni diez ni quince ni dieciocho. Pero eran peores que a esa edad.

Cerraba mis ojos y trataba de alejar mis pensamientos. Los buenos, los malos, los cálidos, los amargos, los puros, los inconscientes, los soberbios. 

Lo mundano. Lo mortal.

Jugaba con ellos y los burlaba a diario. Una distorsionada idea de la inmortalidad basaba mi vida y mis delirios. Había saludado a la muerte más veces que nadie. Incluso más de alguna vez me había prestado ayuda. Era mi cómplice. 

Pero aún así, mis manos sudaban. La pértiga se escabullía de mis manos que pedían a gritos auxilio, sin realmente entenderlo. Mi ego entretenía mi ganas. Aquel que se alimentaba con mi elocuente grandeza. Alucinaba con la idea de escuchar a la gente gritar mi nombre desde lo alto.

Karl... Karl...

Pero mi alma estaba cansada. Años de sacrificios y duro entrenamiento que nadie veía. "Sólo consigues entender el camino cuando lo has vivido", me repetía a diario, sin siquiera saber qué significaba aquello.

Hoy mi cómplice se volvía mi enemigo. No tenía la facha de Joe Black, pero me seducía de todas formas. Engañaba mi mente, adormecía mi cuerpo mientras acariciaba mis manos. Era tanto el placer que sentía que mis magullados dedos soltaban la pértiga, deseosos.

El funambulista llegaba a su fin. Saboreé como nunca mis victorias mientras caía en mi única derrota. "El equilibrio es imposible", señalaba una boricua entre la multitud.

Palabras tan ciertas no sean dicho jamás.

martes, 14 de marzo de 2017

CAMINO A CASA

El viejo estaba perdido de no poder encontrar la paz que tantas ocasiones Olivia le regaló durante su vida. Sus manos sudaban entre los bolsillos de su pantalón, caprichosas, sin que de ello tuviera el menor control. Trataba de encontrar un poco de alivio en su Lucky Strike, aquel que había dejado de un día para otro hace más de veinte años sin mayor motivo que su propia voluntad, pero el humo que emanaba le hacía volver a recordar tiempos de fiestas, dudas y pesares, y sus ojos se distraían pensando en ello.


Aquello significaba volver a empezar, hecho nunca fácil en su vida. Varias relaciones perdidas, un hijo muerto, un matrimonio a cuestas, recuerdos de una vida dura. Nunca había sido fácil ponerse de pie, pero dicha tarea la había logrado con un éxito tal que nunca pasó por su cabeza meterse una bala en la cabeza o arrojar su cuerpo a la vía del tren.


Sus ojos de pronto se fijaron en esa caja de madera. Aquella que hoy le arrebataba de cuajo sus sueños, sus romances, sus tiempos de compañía y soledad, sus enojos, sus dichas, sus viajes, sus canciones, sus almuerzos de domingo, sus tardes de siesta, sus cumpleaños feliz, su musa, su Venus latina.
Su Vida.
Sus oídos no podían oír nada. Ni las palabras del cura ni las pronunciadas por sus hijos. Esos hijos que la vida y su compañera le habían dado la dicha de disfrutar, con sus defectos y virtudes. Su boca temblaba de nervios, sin hallar camino, recordando esos labios no muy generosos que solía besar cada tarde al volver del trabajo.
Hay días en que valdría más no salir de la cama, se recriminaba.
En esos momentos ya tenía la mirada mojada y oraba por el eterno descanso de su amor.
Unas gotas de agua sobre las flores que cubrían parte de su historia, daban término a aquel pesar que lo tuvo intranquilo durante tantos meses. Su cuerpo se disipaba en una dimensión que no conocía. Pero sentía una mezcla de absenta y de niebla en el ambiente, tan mundana que le parecía familiar.
Ya todo había acabado. Iba a ser un largo camino a casa.

martes, 14 de febrero de 2017

INVIERNO

- ¿Sabías que amar es saber que no te cambia el tiempo, ni las tempestades, ni mis inviernos?
- ¿De dónde sacaste eso, Viejo?

Julián la miró en silencio. A sus vividos noventa años ya le costaba un poco ordenar sus ideas y se tomaba el tiempo que fuera necesario para hacerlo.

- No sé de dónde lo saqué. Lo debo haber leído por ahí.

Ángela continuaba haciendo sus labores del hogar sin prestarle demasiada atención. Ella era un poco más joven que Julián y la vida la había premiado con una salud envidiable para sus ochenta y pico años. Ella preparaba un estofado que comerían dentro de unos minutos, y es que a su edad no se permitían acostarse más allá de las diez de la noche y ya eran casi las nueve.

Cenaron de la manera que lo habían hecho durante más de sesenta años. Frente a frente. Solos. Nunca tuvieron hijos, así que nunca esperaron a más gente a comer junto a la desvencijada mesa de madera que Julián había construido hace más de treinta años atrás. A veces conversaban de aquello, de cómo hubiera sido su vida si hubieran tenido uno siquiera. Nunca se lo reprochaban, tan sólo hacían planes y se reían como si mucha vida les quedara por delante. No existía el fin para ellos.

Una vez realizado el rito del lavado de dientes y del Padre Nuestro respetivo de cada noche, se fueron a dormir. Julián demoró un poco más de lo normal en el baño. Ángela, preocupada, se acercó a la puerta.

- ¿Pasa algo?

No hubo respuesta.

Ella decidió golpearla. Al hacerlo Julián la abrió de improviso.

- No te oí, olvidé mi audífono en el comedor-repuso algo agitado.
- ¡Me pusiste nerviosa! Pensé que había pasado algo.
- No te preocupes, el día que eso suceda, tú serás la primera en saberlo-le dijo Julián mientras besaba su frente, tranquilizándola.

Se había dormido hace un par de horas, cuando de repente algo despertó de manera violenta a Julián. Un par de pensamientos se estaban apoderando de su cabeza. Ángela sintió algo en su corazón y también despertó. Una fría sensación la embargaba.

- ¿Pasa algo, Julián?

Él se mantenía en silencio.

- ¿Pasa algo, Julián? ¡Respóndeme!-insistió Ángela.
- ¿Sabías que amar es saber que no te cambia el tiempo, ni las tempestades, ni mis inviernos?

Ángela no entendía que sucedía. Julián volvía a repetir la misma frase de hace algunas horas atrás.

- ¿Pasa algo, Julián? Ya es segunda vez que me dices eso.
- ¿Lo sabías?-insistió.
- No sé a qué te refieres.
- Creo que llegó el momento de que asumas mis inviernos.

Ángela si sabía que significaba eso. O al menos lo recordó.

Ambos se acomodaron en la cama que los había cobijado los últimos quince años de sus vidas. Julián le extendió su brazo izquierdo y Ángela se apoyó en su pecho, de la misma manera en que lo hizo cuando hicieron por primera vez el amor.

Julián besó su frente y cerró sus ojos. El invierno para ellos definitivamente había llegado.


sábado, 4 de febrero de 2017

DEMOLICIÓN

Toda vida es un proceso de demolición. Y yo ya había comenzado el mío.

Sólo se me ocurría mirar y evaluar los daños. Era incapaz de nada más. Una mesa volteada, tres vasos rotos, cuatro cubiertos disparados, tres manteles voladores, un risotto de camarones que se quemaba en la cocina, un corazón hecho pedazos y un montón de lágrimas rodando por tus mejillas. Sólo mi corazón y una silla estaban a salvo de los destrozos. Me mantenía frío ante lo sucedido porque mi mente también estaba dañada, aunque no lo pude ver en ese instante.

Sentía mis ojos inyectados de decepción y la más profunda de las tristezas. Cómo ocurrió todo esto, decía, consolándome. Uno siempre lo sabe aunque te hagas el idiota la vida entera. Nada era por casualidad y al menos en eso estaba claro.

Nunca fui capaz de alegrar tu vida. Al menos no de la manera en que lo hice los primeros años y de la cual te habías enamorado. Nada era eterno en realidad, eso debías saberlo. Tampoco hice nada por remediarlo. Tomé palco para ver cómo nuestras vidas se desperdiciaban fundidas en la indiferencia y el desamor. Los esfuerzos en la vida están destinados sólo a las cosas que nos importan de verdad, y creo que ya no eras parte de esa reducida lista.

En estos momentos tan sólo sentía mi respiración, la cual se había relajado un poco. Tú ya habías huido y yo no había hecho nada para retenerte. Ni hoy ni hace bastante tiempo atrás.

Me acerqué a la silla que se había salvado del huracán que había arrasado con todo, desabroché el botón de mi camisa, aflojé mi corbata y tomé asiento. Puse mi cabeza entre mis manos sintiendo tu mirada a lo lejos. Fue la última vez que te sentí cerca.

Hice el ejercicio de recordar algunos buenos tiempos, pero me desanimé en el acto. Tan sólo me quedaba desearte suerte en silencio. No necesitaba nada más que eso para mi vida en estos momentos.

- Adiós, Roberto.-alcancé a balbucear, antes de largarme a llorar.

La demolición había terminado.


jueves, 5 de enero de 2017

Lo menos importante de la vida


Siempre hay cosas que son más importantes que el fútbol. Y siempre será así.


"El fútbol es la cosa más importante de las cosas que no importan". Y pensar que alguien que lo amaba lo llamaba así.


Pero el ser humano que alguna vez se ha entretenido con una de esas maravillas de 32 cascos sabe lo hermoso que es este puto "juego-deporte".


También sabe que a veces provoca irracionalidad, violencia, descontrol, nos hace golpear al rival e incluso insultarlo de la manera mas vil al que, en esos momentos de pasión desbordada, llegamos a considerar nuestro enemigo más enconado. Sin distinguir entre un amateur y un profesional.


"Un hermoso juego, que por un puñado de mafiosos, se ha convertido en uno de los negocios más rentables del presente siglo". Escribe un diario independiente en alguna parte del mundo.


A mi al menos, bien personalmente, el fútbol me ha regalado momentos valiosos. Herencia de mi familia (y aunque mi abuela me "odie"), esto me ha dado la dicha de tener encuentros maravillosos con mi familia y mis amigos, conversaciones más que interesantes, conocer nuevos mundos e hinchas en cada viaje, días perdidos, nuevas pasiones, nuevas enseñanzas con mi hijo. Y así suma y sigue cada día que logro levantarme cada mañana.


Sin duda, es algo que al pasar de los años he marcado con fuego en mi ser y que me ha enseñado muchas cosa también. Conocí amigos, disfruté con los que ya lo eran y he vivido alegrías y tristezas de la manera mas conchesumadre que se pueda tener memoria.


Hoy. 


Hoy, hay familias, un club, un pueblo, una nación, un "pseudo pueblo futbolero", una "pseudo comunidad del fútbol mundial" que está triste por la partida de esos humanos, los cuales tenían como norte la ilusión y la posibilidad de darle una alegría, la más mínima imaginada, a un pueblo humilde y reprimido.


"El opio del pueblo", lo llaman también los mojigatos. 


"Herramienta de políticos de baja monta", lo señala un diario digital en Internet.


"Prensa inescrupulosa, que hará lo posible por recordarnos este triste momento de la manera más inhumana posible, con "entrevista central al perro del arquero sobreviviente", y que nos escupirán datos de mierdas que no aportan en nada". Así no lo señala nadie.


El día de mañana volveremos a ir a trabajar, a disfrutar de otro día de mierda, otro día en que nos sirven la comida en platos de plástico y con cubiertos de plata, a disfrutar un cariño, a esquivar un regaño, a jugar otro partido de fútbol, a vivir otro momento que lo deseemos con el alma. Nos volveremos a alegrar. Nos volveremos a enojar, a insultar, a golpear y tratar de sacar la más mínima ventaja, por muy rata y miserable que sea ésta, pero que ello no permita olvidar que lo "mas importante de lo menos importante" hoy nos dio una lección de unión y fraternidad, que por muy estúpida que resulte, emprendamos la vida con una sonrisa, que al final del día, es lo único que podemos dejar de legado, si es que desean ser recordados. 


De las cosas simples se trata esto. Un paño de trapo y dos arcos con piedras.


Y un abrazo, "para que a los más importantes", como el de la foto, nunca les pueda faltar.


#ForçaChape  #ForçaChapecoense @ChapecoenseReal