viernes, 23 de abril de 2010

ACEPTAR O IGNORAR (CAPITULO 6)

Había un nauseabundo olor en la sala de clases, al parecer no todos habían cumplido con la sagrada ducha matutina. Algunos incluso tenían aún marcada la almohada sobre su seboso pelo.


Mis compañeros seguían llegando a clases a pesar de que ya hace una media hora había llegado el profesor de Microeconomía-2 con su lustrado maletín marrón, su rostro de ser pasivo y su montón de canas mal repartidas sobre su delgado cabello. Algunos se reían al verlo de pie frente a nosotros porque llevaba su cierre abierto y aún no se había dado cuenta de aquello. A mi me daba lo mismo todo eso. Quizás antes hubiese estado riendo igual que ellos, pero ya no me hacían gracia esas cosas.


Mi cabeza estaba en otra parte y creo que mi cuerpo también, ya que me sentía más pesado de lo normal, fatigado. Pensaba, mientras el profesor perdía su escasa voz en explicar qué mierda era la economía de escala, cómo podía conseguir el dinero suficiente para pagar la maldita universidad. Ya se estaba acabando el año y aún no podía pagar el tercer mes y ya tenía algunas cuotas repactadas, así que esa opción sonaba básicamente remota. Con el dinero que me dio Luca la primera vez que nos vimos me alcanzó para pagar lo que debía mi hermana en su carrera, para mi matricula y los dos primeros meses y para pagar deudas de la casa. Necesitaba un trabajo urgente, pero ninguno de los que me ofrecían podía ayudar a aliviar mi situación. O bien eran inestables o pagaban poco, o no te hacían contrato o debías trabajar durante las mismas horas en que asistía a clases. Así que cada mañana, cada clase se convertía en una suave y lenta tortura.


Desde aquel desmadre en el “Champagne” que no tengo noticias de nadie del submundo porno, incluyendo a Sofía. De eso ya ha pasado cerca de una semana. Puede que el hecho de perder mi teléfono aquella noche pueda significar que no se hayan podido comunicar conmigo o, quizás, lo más probable, se hayan aburrido y no quieran saber nada de mí, sobre todo Luca que tiene un genio de aquellos.


La clase continuaba y estaba más aburrida y lánguida de lo normal. Ese acento siútico del profesor no ayudaba mucho a entender y a distender el ambiente dentro de la sala. Así que decidí sacar mi notebook, que me gané en una especie de concurso literario de la universidad y que pienso vender para solventar en algo las deudas, para meterme en Internet un rato y olvidar a este latero ser humano que balbucea conceptos económicos, agonizantes en estos tiempos, por los pasillos de la sala. Revisé mi correo y nada. Ninguna respuesta de algún trabajo. Me metí en páginas que te ayudan a encontrarlo y nada, o al menos nada para mí.


Revisé el diario. Sólo catástrofes. Ya sea en política, deportes, farándula, economía y cultura. Era sino más mierda para deprimir a un irresoluto ser humano a plantearse una forma menos dañina de vida o a buscar ese proyecto de felicidad que se escupe por todos lados, pero que nadie lleva a cabo.


Tengo una reciente cuenta en Facebook. Me enteré de esto por mi hermana que suele buscar las últimas novedades del mercado para luego tenerlas. Y las nuevas redes sociales no son la excepción. Así que ella me la creó y me agregó algunos amigos que tenemos en común, aunque realmente de ese montón de personas sólo sean amigos míos sólo unos dos o tres. Accedí a mi sesión y revisé mis notificaciones. Entre ellas había algunos posteos de fotos en las que no salgo pero en las que igual me etiquetan, solicitudes de páginas estúpidas y sin sentido, grupos de salvataje de animales y una nueva solicitud de amistad. Pinché. Decía algo como “SOFÍA NAVARRO desea ser tu amiga”. “ACEPTAR o IGNORAR”. No supe que hacer.


Cerré mi cuenta, apagué el computador y salí, una vez terminada la clase, a fumarme un cigarro.


By IgOrCeTe...

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