domingo, 16 de mayo de 2010

EL BURRO ARREPENTIDO (CAPITULO 8)

Las cosas en mi casa no estaban saliendo del todo bien. Mi mamá se quejaba de todo lo que hacía por nosotros y que nosotros no respondíamos. A mi me decía que era un vago que no hacía nada por salir de esta situación y que cada día que pasa estoy yendo menos a clases.


Mi hermana también estaba sufriendo la misma situación que yo, obviamente por razones distintas. El otro día me contó que estaba saliendo con un compañero de la universidad, que él la hace feliz y todas esas mamonerías típicas de personas enamoradas. Yo la veo feliz con todo eso, pero espero que no se ponga estúpida y deje de estudiar o de ir a clases por culpa de su nuevo noviecito.


Aquello eran las únicas novedades que ocurrían en mi decepcionante vida. Nada de dinero, nada de trabajo y casi nada de estudio. En la primera tanda de pruebas me había ido muy mal. Sólo tenía dos notas sobre el cuatro de un total de seis ramos. Prefería revisar el diario y vagar por las calles de Santiago buscando algún trabajo esporádico que tomar los libros y sacar esas miserables fotocopias que se comían lo poco de dinero que me quedaba. Mis amigos me ayudaban un poco con eso, pero ya estaba harto de depender de ellos. Me parecía un abuso.


Un día me sentí tan desesperado por mi situación que decidí agregar a Sofía en Facebook. Lo primero que hizo fue escribirme en un mensaje que ojalá piense bien las cosas y vuelva a trabajar con Luca, que el viejo me quiere para una película de alto presupuesto, que sin mi no seria así y un montón de cosas para que me entusiasmara con la idea. Lo pensé cerca de una semana y al día siguiente ya estaba en la oficina de Luca para hablar sobre el proyecto.


Caminé por Agustinas con la misma esperanza que me embargó la primera vez que me reuní con él. Ahora sentía que todo sería distinto. Nada de pendejadas y cosas por el estilo. Trataría de ser un buen profesional del mercado porno y a aprovechar lo máximo posible el enorme trozo de carne que cuelga desde la base de mi pubis.


Toqué el timbre y apareció una señora de unos sesenta años. Me pareció raro que estuviera alguien de tan avanzada edad en ese puesto, ya que Luca tenía antes a una rubia espectacular sentada tras ese mesón de roble.

- Hola ¿A quién desea ver?-me preguntó la señora mientras yo me detenía a mirar una enorme verruga que sobresalía de su mejilla derecha.

- Hola. Vengo a ver a Luca, me está esperando. Tengo una reunión con él.

- Espéreme un momento mientras lo anuncio.

Asentí con la cabeza y me senté en unas pequeñas sillas que tienen en la recepción. Cogí una revista de esas típicas de peluquería. Ya sean “Cosas”, “Caras” o alguna basura de papel cuché similar. Observaba como Cecilia Bolocco se casaba con Carlos Menem. Súper novedosa la noticia. Había unas fotos en que salía ésta comiendo esa comida con porotos que allá en Argentina llaman “locro”. ¡Qué mierda más ordinaria! Ni en un matrimonio de mendigos comen esas huevadas. Más adelante había una entrevista a Zulemita, la hija de Menem, en que le tiraba mierda a la Bolocco.


Así transcurrieron quince minutos hasta que el maldito Luca se digno a aparecer.

- Pasa pendejo-dijo mientras abría la puerta de su oficina-Toma asiento.

Me senté y tragué un poco de saliva. Estaba un poco nervioso.

- Pendejo te escucho.

- Bueno Luca, ya debes saber por qué estoy acá. No debe ser ninguna sorpresa. En primer lugar te quería pedir disculpas por mis reacciones estúpidas aquella noche de la fiesta, es sólo que estaba un poco borracho…

- ¿Un poco?-interrumpió Luca-No seas cara de raja, pendejo. Estabas más borracho que cualquiera que estuviese ahí dentro. Te deberías haber pegado unas rayas de esas que te ofreció mi hermano, así ni cagando hubiese terminado de esa manera.

- Si, es verdad. Bueno, en segundo lugar quería ver si podía volver a trabajar aquí en la productora. Sofía me contó que me necesitaba para un papel en una película y yo necesito su dinero así que creo que será beneficioso para ambos el que yo trabaje aquí.

- ¿Pendejo que te pasó este tiempo afuera? ¡Hablas como todo un hombre que sabe lo que le conviene en la vida! ¡Por supuesto que puedes volver! Aunque trata de mantenerte lejos de las botellas mira que no quiero que se te duerma la manguera cuando queramos filmar. Tienes que estar duro como roca cuando te toque perforar alguna vagina, porque esta vez serán sólo vaginas, nada de anos peludos de hombres, así que tranquilo.

- Me parece bien porque esa vez fue muy terrible para mí. Fue todo muy rápido. Creo que ahora saldrá todo bien, Luca. No te preocupes de nada.

- Así se habla Dante. ¿Puedes venir mañana después de almuerzo? Necesito hacer unas pruebas de cámara y sacarte un par de fotos ¿Te parece?

- Mmm… no lo sé. Mañana tengo un control en la universidad a esa hora, pero no te preocupes, esta vez no te defraudaré.

- Muy bien, te espero entonces.

Nos dimos la mano y luego Luca me dio un fuerte abrazo. Un abrazo de esos que se dan dos personas en momentos trascendentes. En eso momento sentí lo realmente importante que era yo para ese ser gordo de baja estatura, lleno de ilusiones de ser un reconocido director de películas porno. Nunca me había sentido así de valorado por una persona que no fuera mi mamá o mi hermana. Fue grato sentir eso.


Luca me acompañó hasta la puerta y se despidió. La señora de la recepción me pasó una hoja que debía firmar. Trataba de mi incorporación al proyecto. Firmé y me retiré de ahí. Cerré la puerta que tiene el número 404 con nuevas energías y una sensación de que todo comenzaría a cambiar.




Al otro día fui a la universidad, tenía clases temprano, a eso de las ocho de la mañana. Me compré un café y entré a la sala. Ahí estaban mis dos amigos, Víctor y Matías, sentados sobre unas mesas.

- Hola basura ¿Cómo estás?-me dijo Víctor.

- Bien-respondí yo-tratando de recordar las fórmulas para el control del tercer bloque.

- ¿Estudiaste también para el de la tarde?-me dijo Matías con su cálida voz de predicador callejero.

- No.

- ¿No?-dijeron ambos-¡Si va a estar súper difícil!-continuó Víctor.

- No, no estudié porque no lo daré. Tengo una entrevista de trabajo y no puedo faltar, de eso depende mi futuro económico y el de mi familia.

- Bueno, si es así…-dijo Matías.

- ¡siéntense que viene el profesor!-gritó alguien desde afuera como si éste fuera un ser malévolo al que no le gusta ver a nadie de pie al interior de la sala.

- Ya… de ahí conversamos entonces… o tal vez mañana porque después tengo electivo-les dije.

Ambos asintieron con la cabeza, se sentaron en sus respectivos puestos y comenzamos a oír la fastidiosa clase que incluía unas dos tristes disertaciones.


Durante el siguiente bloque me cambié de sala puesto que tenía un electivo de Estadísticas que lo daban en otra sala que quedaba distante de la que me encontraba anteriormente. La profesora, una señora de más o menos cincuenta felices años, dibujaba fórmulas sobre la pizarra que había que usar para desarrollar un ejercicio con un ánimo casi delirante. ¿Cómo alguien puede vivir, alimentarse y hacer parte de su vida un montón de letras y signos que no tienen mayor sentido dentro de la realidad perversa en que nos desarrollamos? Pensaba lo loca que debía estar ella para hacer semejante estupidez. En ese momento dudé de que si estaba haciendo lo correcto en volver a trabajar con Luca. Sudaba. La felicidad de la profesora junto a sus desviaciones estándar y las fórmulas para establecer si una hipótesis era correcta o no me estaban matando por dentro y haciendo que todo lo que había hablado ayer con Luca se fuera al tarro de la basura. Esperé. La profesora siguió hasta terminar el ejercicio sobre la blanca pizarra acrílica y el resultado señalaba que la hipótesis no estaba en la región crítica. Por lo tanto, era correcta. Problema resuelto para ella y también para mí.


Más tarde dí el control que tenía y salí corriendo a la estación de metro más cercana, República. Miraba como toda la gente se ignoraba los unos a los otros. Eso es algo que no me gusta de estos viajes. Te hacen pensar, pero esta vez no lo hice. Encendí mi reproductor de música, subí al máximo el volumen de éste. Esperé un par de minutos y subí al tren con destino a la estación Universidad de Chile.


Una vez ahí bajé, salí a la Alameda y caminé hasta llegar hasta San Antonio, la calle donde estaba la galería que daba al lugar donde se encontraba la oficina de Luca. Paré frente a un kiosco, compré el diario por si debía esperar ya que así no leía esas pútridas revistas de papel cuché de la recepción. Seguí mi camino. Llegué hasta el ascensor, subí. Me miraba en el espejo de éste y veía como temblaban mis manos y mis piernas. Tal como aquella primera vez. Sudaba un poco mientras miraba mi rostro que se veía demacrado producto de la presión a la que estaba sometido el último tiempo.


Una vez que estaba adentro de la oficina mi mente se liberó de todas las barbaridades que pasaron por mi cabeza alguna vez. Luca me trataba con una atención especial a la que trataba al resto y eso me relajó y me hizo sentir bien.


Me desnudé tal como la primera vez, pero esta vez sin el temor de estar haciendo algo malo o incorrecto. Estaba tranquilo, asumiendo de una vez lo que me ha tocado hacer en este momento de la vida. Incluso cuando la blonda fotógrafa que acompañaba a Luca me pidió que le regalara una erección para las pruebas de cámara se la di sin problemas. Pensaba, pensaba, pensaba y pensaba mientras me sacaban un montón de fotos en distintas posiciones en compañía de una delgada mujer… ¿Después de todo a quién no le gusta follar?



By IgOrCeTe...


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